Cuesta escribir desde el lado maternal, tantos sentimientos encontrados que a veces las palabras abundan y otras faltan. Pero lo primordial, considero que es cultivar la capacidad que todas y todos tenemos, de auto observarnos. Es tan vital el poder darnos cuentas de lo qué estamos sintiendo y pensando; pero eso no lo enseñan en las escuelas ni en la universidad; por mi parte, lo he aprendido con la práctica del yoga, la meditación y la lectura de infinidades de libros asociados a dicha materia. Últimamente he estado escuchando a Joe Dispenza, mientras conduzco al trabajo, en Spotify, sintonizo su libro “deja de ser tu”; es muy complejo, me costó digerirlo, pero finalmente encontré en él un campo que me ha permitido reinventarme en este último mes, en el sentido de cambiar el foco de atención a aquella parte en que somos el 99% de espacio vacío, trasladar mi atención a ese aspecto invisible y poderoso que nos sostiene y en que última instancia es lo que realmente somos.
En este último mes he practicado el llevar mi atención a mi interior, a mi sentir; en cada situación desafiante lo he practicado… ¿qué siento?, ¿en qué parte de mi cuerpo se siente esa emoción? y, con ese simple acto (que me costó al principio y sigo practicando), he podido hacer los ajustes que me han permitido disfrutar un poco más el rumbo de mi vida y por sobre todo mi maternidad.
La invitación es a practicar, sobre todo en los momentos que compartimos con nuestros hijos: qué estoy sintiendo?, me agrada? Me incomoda? En qué parte o zona de mi cuerpo?, hasta ahí, sólo observar, y la magia se produce; se calma el sistema nervioso y la perspectiva cambia. Esto, considero es amor por uno mismo. Espero que a alguien le resuene y le pueda aportar.