Me cuido para cuidar

Me cuido para cuidar

Hace varios días tengo la intención de retomar la escritura, pero me ha costado. Entre el trabajo, los nuevos proyectos que poco a poco van tomando forma y el tiempo que quiero dedicarles a mis pequeños, los días pasan muy rápido.

Ellos nutren profundamente mi alma y, al mismo tiempo, me impulsan a crecer interiormente de una manera que jamás imaginé. Estoy convencida de que la maternidad es un viaje de transformación permanente, un camino en el que una y otra vez nos desarmamos para volver a construirnos con más amor, más conciencia y más sabiduría.

Hoy quiero compartir con quien pase por este espacio uno de los mantras que más me ha acompañado durante este último tiempo:

"Me cuido para cuidar."

Parece una frase simple, pero llevarla a la práctica no siempre lo es.

Muchas veces volcamos todo nuestro cuidado hacia nuestros hijos y, casi sin darnos cuenta, nuestras propias necesidades comienzan a silenciarse. Hablo incluso de las más básicas: ir al baño con tranquilidad, comer una comida caliente o simplemente sentarnos unos minutos sin hacer nada.

Especialmente cuando los hijos son pequeños, pareciera que nos olvidamos de que, para poder cuidar bien, primero necesitamos estar bien nosotras.

Agradezco profundamente a @estaeslatribu, porque en sus clases de yoga postnatal sembraron en mí esta idea tan sencilla y, a la vez, tan transformadora: cuidarme para cuidar a mis hijos.

Suena lógico, pero vivirlo requiere práctica y recordarlo una y otra vez.

Hoy, algunos años después de haber sido madre por primera vez, siento que por fin estoy aprendiendo a escucharme. No significa que ya lo haya logrado; al contrario, es un ejercicio cotidiano. Hay días en que lo olvido y otros en que vuelvo a encontrarme.

Retomar mi práctica de yoga y preparar las clases —muchas veces acompañada por mis hijos, que observan con curiosidad cada postura e inmediatamente intentan imitarla— se ha convertido en una manera de regresar a mi centro, de reencontrarme conmigo misma y de nutrir una parte esencial de mi ser.

Si alguna mamá llega hasta aquí, quisiera dejarle esta misma invitación.

Escucha a tu cuerpo.

Él te habla constantemente.

Regálate espacios, aunque sean pequeños, que sean verdaderamente sagrados para ti. Espacios donde puedas volver a respirar, sentirte y conectar con aquello que alimenta lo más profundo de tu alma.

Porque cuando una madre se cuida, no solo se transforma ella. También cambia la manera en que abraza, sostiene y acompaña a quienes más ama.