La fuerza del aire, compañía permanente

La fuerza del aire, compañía permanente

¿Cómo han sido estos años de maternidad o paternidad?

No importa si tu hijo tiene un mes de vida, un año, doce, veinte o más. Maternar y paternar es un camino que nunca termina. Cambian los desafíos, las formas y las preocupaciones, pero el vínculo permanece. Es eterno.

Alguien me dijo una vez: "Mientras más grandes son los hijos, más entretenido se pone." Los míos todavía son pequeños y, en esta etapa, he descubierto la enorme importancia de regalarme pequeños momentos de encuentro conmigo mismo.

Puede ser leer un libro, tomar un té, ver una serie, practicar yoga, hacer deporte, caminar o simplemente detenerse unos minutos a respirar. La actividad en sí no es lo más importante. Lo verdaderamente importante es darnos cuenta de qué estamos haciendo y para qué lo estamos haciendo.

Es muy fácil vivir en piloto automático. Por eso, tener un propósito claro nos ayuda a volver una y otra vez a lo esencial. Y si a eso le sumamos una respiración consciente, algo cambia: aparece más calma, más presencia y, poco a poco, ese anhelado gozo de vivir.

Cuando hablo de respiración consciente no me refiero a realizar técnicas complejas. En yoga existen muchas prácticas para trabajar con la respiración y la energía, pero aquí hablo de algo mucho más simple.

Solo sentir.

Sentir el aire entrando y saliendo por la nariz. Percibir cómo cada inhalación recorre nuestro cuerpo y cómo cada exhalación nos invita a soltar. Reconocer que ese mismo aire nos acompaña desde el primer instante de vida y que, sin él, nada de esto sería posible.

He descubierto que, cuando realizamos cualquier actividad con un propósito consciente y, en algún momento, recordamos simplemente sentir nuestra respiración, esa experiencia cambia por completo.

Se vuelve más amable.

Más presente.

Más disfrutable.

Es como si, por unos instantes, recargáramos nuestra energía para volver a nuestros hijos desde un lugar distinto: con más calma, más claridad y una mirada más amplia.

Y quizás, al final, eso también sea una forma de cuidar a quienes más amamos.