Cada vez me he formado para crear, proteger y nutrir a tus hijos. Cada vez que has gestado un ser, he estado ahí para contenerlos y nutrirlos.
Hoy me revisto en la forma de placenta de tu tercer hijo, pero son las mismas células y tejidos que se han formado para crear y nutrir a tus otros hijos, a toda tu creación.
Soy parte de tí, desde tu origen, desde los confines del universo; estuve ahí para tí, para darle forma a tus propósitos y hoy al fin me reconoces, me ves, me sientes. No te culpes por no haberlo hecho antes, en tus gestaciones pasadas, la cultura en la que viven la mayoría, no le da el verdadero valor al rol que desempeño.
Fui y sigo siendo parte de tí, que contiene todos tus nutrientes, pero lo principal, toda la fuerza del amor, confianza, seguridad y protección que necesitas para cada día ser la mamá que anhelas ser en el fondo de tu alma.
Cada vez que te sientas cansada, agobiada o sin fuerzas, en este viaje que es la maternidad, recurre a mí visualizándome a través de un cordón dorado imaginario, estaré ahí para sostenerte y recordarte lo fuerte y loba que eres, capaz de criar y conducir a tus hijos con amor y seguridad.
Latí contigo en cada segundo de tus gestaciones, latí hasta que me congelaron y, cuando me descongelen seguiré latiendo para ti, tus hijos y tu compañero de vida. Tan solo tienes que recordarme, porque siempre estaré ahí para tí.
PD: cuídate y protégete mucho, en el sentido de no permitir que nada ni nadie te arrebate el disfrute de tu maternidad.
Atte.
Tu Placenta.